Posteado por: JLeoncioG | 19 marzo, 2012

Piedras en el camino

Por Leoncio González

Casi todo es mío
Antonio Jiménez Paz
Ediciones Baile del Sol
Santa Cruz de Tenerife, 2008
83 páginas.

El sendero en el que Pessoa se ve atravesado, en la primera página de este libro, es en el que la duda atormenta al caminante. Estas páginas son el lento deambular, de Antonio Jiménez, por ese recorrido del desasosiego que nos da la incertidumbre.

En este libro la tinta mancha las yemas de los dedos al pasar las páginas. Esas manchas no hacen sino evidenciar que las realidades no lo son tanto, “no se borra lo que uno quisiera”, dice. Antonio Jiménez ha escrito un manifiesto dubitativo en Casi todo es mío (Ediciones Baile del Sol, 2008). Sabe que ese “casi” no engloba apenas su nombre y que ese “todo” se diluye como una gota de absenta al contacto con un terrón de azúcar. Así son la mayoría de estos poemas, una gran oleada de sabor, penetrante y oloroso, que luego, al inminente chasqueo de la lengua, se convierte en un poso de preguntas, de verbos en subjuntivo, de adverbios, de adjetivos nada definitivos cargados de preguntas y de versos que no hacen más que certificar esa duda: “Me describo y no me consigo creíble”.

Del contacto con el otro, es de donde nace la única certidumbre de estos poemas: del roce caliente de la piel con otras pieles: con la piel del papel, con la piel de la piedra, con la piel de otros cuerpos (quizás los mismos, pero distintos): “Venimos frotándonos desde antes de los amaneceres”. Y ahí es donde talamos árboles que otrora sólo mirábamos, y donde se describen cosas que antes sólo se pensaban, todo bajo la sombra de un hombre que ya ha desaparecido, en favor del poeta –de uno o de muchos.

Por último, en la digestión poética de estas páginas aparece cierto hedonismo doloroso que ratifica circunstancias, actitudes, respuestas, mas poco creíbles todas ellas, y al mismo tiempo resuena de golpe una suerte de solución, cuasi definitiva: “entonces me borro”.

Jiménez (junto a sus cuerpos otros: el poeta, el lector, el crítico) caminan con un lastre a cuestas, hacia un lugar donde no tendrá que explicar ni quién, ni cómo se llama,  el que ha pergeñado todas estas dudas: “Quién soy / no lo sé. / O innumerable”.

Desde la barrera de la lectura, quizás, lo más fácil sería sacar las herramientas de disección y comenzar a cortar cada verso, cada duda, y sacar de ella una explicación más o menos lógica, cartesiana, rebuscada entre otros versos conocidos de este autor, de sus libros, de sus lecturas, de sus no lecturas, de sus amigos, de sus querencias y de sus odios. Quedaríamos colocados así en un terreno poco dudoso, en donde, ridículamente sólo podríamos evidenciar ese verso que resuena como el gong en el dojo zen: “Voy delante de mi aunque detrás”.

“Pero nadie sabe por cuál página ando…”, advierte, y faltaría menos. Casi todo en este libro nos conduce a una calle sin salida, en la que el poeta ¿se queda? y sus versos lo trascienden, lo abandonan, lo dejan al azar de nacer de nuevo, de volver a escribir todas esas palabras, preguntas, verbos, adverbios, dudas: “Lo demás/piedras en el camino son”.

 

Posteado por: JLeoncioG | 12 marzo, 2012

Sueño maldito

Por Leoncio González

Los Cantos de Maldoror
Lautreamont
Alianza Editorial
Madrid, 2009
295 páginas.

Comentaba hace algunos días con mi librero, que la editorial Alianza está haciendo un gran trabajo de reedición de textos clásicos. Es verdad. La policromía que desde siempre ha caracterizado la colección El libro de bolsillo se sigue ampliando a fuerza de poner en las mesas de novedades títulos y autores “indispensables” para el conocimiento de la literatura universal. En el pasado 2009 le llegó el turno, bajo este sello, a Los Cantos de Maldoror, de Lautremont, a través de la traducción de Ángel Pariente. Esta obra, en su versión española, ha sido publicada, desde 1970 hasta nuestros días, en 12 ocasiones por las editoriales Cátedra, Labor, Barral, Mateu, Belacqua, Juan José de Olañeta, Visor y Pre-textos. Sin duda, este interés por los editores trasluce un texto fundamental e interesante.

Cuando uno se adentra en estos Cantos lo primero que siente es un sobrecogedor miedo. Se trata de seis partes de un texto sin freno, que apologiza el dolor, la turbación, la violencia… un sinfín de situaciones inconexas que parecen emanadas de un estado febril del sueño. Los surrealistas de las vanguardias artísticas europeas de principios del XX recuperaron este texto del olvido del desconocimiento para erigirlo como un manifiesto de cabecera del movimiento artístico. Isidoro Ducasse, el conde de Lautreamont, como él mismo se autoproclamó, sólo vivió 24 años. Su fama como escritor en la Francia del XIX pasó desapercibida, pero su obra trascendió a su propio autor. El espíritu romántico que impera en ella supera con creces a las de sus compatriotas (Baudelaire, Rimbaud, Flaubert…) y la convierte en una especie de obra adelantada a su tiempo, y por descontado al entendimiento de sus lectores coetáneos.

En España, el abanderado de las vanguardias Ramón Gómez de la Serna y su hermano Julio realizan en la primera década del siglo una traducción de los Cantos, obnubilados por el carácter rompedor y vanguardista del texto.

Sin embargo, Lautreamont, o mejor sus Cantos de Maldoror no sólo fueron admirados por los grandes de la literatura vanguardista; también tuvo detractores: Andrè Malraux lo tachó de usar un “sadismo infantil, un baudelerismo de empleado de ferrocarriles”, y el existencialista Albert Camus lo acusa de ser esclavo de un “servilismo nihilista”, según apunta Ángel Pariente en el prólogo de esta edición. Con todo, los Cantos son un buen referente literario, eso sí, abstenerse de la lectura de estas páginas aquellos lectores que no sean capaz de dar rienda suelta a la imaginación o que, como se decía en aquellos mensajes televisivos, sean susceptibles de ser heridos en su sensibilidad. Maldoror es un “país” grotesco, sadomasoquista, demoníaco, cruel, doloroso y al mismo tiempo atrayente por su crudeza, su facilidad de palabra, sus desgarradas situaciones incongruentes y surrealistas. En fin, una pesadilla de la que uno despierta con un frío sudor y la tranquilidad de saber que sólo se trataba de eso, de un sueño escrito.

Posteado por: JLeoncioG | 5 marzo, 2012

La gris España

Por Leoncio González
La noche de los tiempos
Antonio Muñoz Molina
Seix Barral
Barcelona, 2009
958 páginas.

De nuevo la Guerra Civil. Casi mil páginas ha escrito Antonio Muñoz Molina, no sobre la contienda que enfrentó en los años treinta a los españoles, sino desde ella. La noche de los tiempos es la última novela del autor de Sefarad; un rotundo éxito de crítica y público, editado por Seix Barral en su Biblioteca Breve (el nombre de la colección parece una broma cuando uno tiene en sus manos este volumen). Un narrador omnisciente observa, desde la distancia de más de setenta años –aclara en varios pasajes la cifra exacta de años que lo separan de los hechos- a Ignacio Abel, un arquitecto republicano que se ve inmerso en una guerra de ideas, de querencias, de pasiones… y definitivamente en una lucha consigo mismo. El argumento es simple: un hombre comienza a andar por algunos caminos que creía infranqueables, y ese narrador cuenta, como si de una road movie se tratara, la historia de ese itinerario.

La novela de Muñoz Molina se extiende en el tiempo, adelanta y retrocede constantemente sobre esos diez años previos a la caída de la República. Se alarga en descripciones de tipos, de personajes cargados de argumentos o de otros ligeros, casi voluptuosos. Conviven con los protagonistas personajes reales como Juan Negrín, Moreno Villa, Rafael Alberti, José Bergamín, y otros, que pululan entre sus páginas dejando una impronta casi borrosa de anclaje en la realidad histórica.

La guerra española devasta el paisaje de Madrid con bombardeos, asesinatos, vandalismo, y el protagonista desmitifica tajantemente los bandos: ellos, los usurpadores del orden establecido que avanzan por el frente sembrando muertes; los otros, los republicanos que se autofagocitan en un caos terrible sembrado de sangre; y al mismo tiempo, los intérpretes principales del drama, que luchan en otras batallas, las interiores, las del corazón y la pasión. El valor de esta obra radica en la subjetividad de los escenarios, en las descripciones del interior humano y en las circunstancias sociales marcadas por la época y por la política. Pero sobre todo en el fresco coral de las pasiones de los héroes y antihéroes de esta historia.

Aún así, hay que apuntar que  La noche de los tiempos se vuelve, en determinados pasajes, farragosa y reiterativa. Se hace demasiado juego con ritornellos y estribillos narrativos, y avanzando por la gran llanura de sus páginas uno llega, a veces, a sucumbir al cansancio. Sin embargo, la concepción estructural del libro alienta a no perder el hilo. De una forma casi cinematográfica, o quizás más simple, como la propia memoria funciona, se alternan los pasajes, las secuencias, o simplemente los planos fijos para darnos 958 páginas de lectura profunda y agradecida.

Posteado por: JLeoncioG | 27 febrero, 2012

Padre, ¿dónde estás?

Por Leoncio González

 

El hijo de Buda
Jesús González Padrón
Idea Ediciones
Santa Cruz de Tenerife, 2009

71 páginas.

He defendido, en muchos artículos y conversaciones, la necesidad de liberar el mundo literario de las ediciones aburridas y pesadas. El marketing, en un ámbito en el que continuamente se pierden públicos, es cada día más importante. A los lectores menos comprometidos hay que “entrarles” con golosinas, libros pequeños que puedan llevar en los bolsillos, bien editados, atractivos a la vista. Algunas editoriales se han dado cuenta de esto desde hace algunos años y así han procedido, Periférica, Acantilado,  De Bolsillo, Alianza, y otras han reivindicado, con buenas ediciones, el uso del libro de bolsillo.

Idea Ediciones, una de las de aquí, quizás haya optado por esto también con su colección TID, en la que, además intenta promocionar a “autores noveles”. El caso que me ocupa es El hijo de Buda, un pequeño relato de Jesús González Padrón, un autor que, pese a tener bastante producción (y haber ganado premios como el Taramela de San Miguel de Abona o el de narrativa del IBAD) no ha conseguido, y lo sé de buena fuente, publicar ninguna otra cosa.

El hijo de Buda es un relato corto, al estilo narración oral oriental, que evoca ciertos pasajes de Las mil y una noches. La acción se desarrolla en un espacio de tiempo no concreto (¿año 500 aC?), en la India si no apunto mal, y el personaje principal es nada menos que el hijo del príncipe Siddarta Gautama. La búsqueda de una razón vital, y de la propia presencia de un padre al que no conoce, convierten al vástago de la deidad en un tirano que se exculpa a sí mismo haciendo sufrir a los demás. En su viaje iniciático hacia su propio interior el protagonista se reencuentra con varios seres fantasmas, como ocurre en el cuento de Dickens, que con sus historias ejemplifican los oscuros caminos que pueden presentarse en la existencia del ser humano.

Este pequeño relato sorprende desde sus primeros compases. La narración es brillante por su claridad; pese a girar en torno a un tema casi tópico, se aleja de él y transcurre a través de un estilo propio. No obstante, a medida que la narración avanza esos pilares de refuerzo propios del autor se van desvaneciendo y en el último tramo flaquea en cierta medida, quizás por tratarse de una ópera prima. No obstante el cuento puede considerarse de bella factura, bien organizado y que incluye, además, varias historias paralelas en las que el protagonista se ve implicado, lo cual en un relato corto siempre es difícil de encajar.

Pese a ser uno de esos volúmenes “ligeros” de los que hablaba antes el lector echará en falta, al pasar la última página, algo más del autor que permita seguir disfrutando de su pluma. Además, las ilustraciones de la obra, pertenecientes a Arima García se hacen cortas también y, quizás los más atrevidos piensen que ambos, autor e ilustradora deberían versionar en cómic este cuento. Ahí queda esta propuesta.

Posteado por: JLeoncioG | 20 febrero, 2012

Aquel hombre, y la tierra

Por Leoncio González

Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro
Benigno Varillas
FFRF y La Esfera de los Libros
Madrid, 2010
761 páginas.

En la gris España de los estertores de la dictadura, esa que TVE se ha empeñado en enseñarnos (castigarnos) con su serie Cuéntame… año tras año, un reducto para el conocimiento del Medio Ambiente se abría paso en nuestras salas o comedores a través de la tele. De la única que había. Los acordes de aquella banda sonora, que después conocimos era obra de un señor llamado Antón (García Abril nada menos) nos transportaban a otros mundos, cercanos algunas veces para los que nos criamos en el campo, muy lejanos otras. Félix Rodríguez de la Fuente, y su voz pausada y reflexiva, abrieron el imaginario de miles de jóvenes y mayores que encontraban en la televisión, seguramente sin saberlo ni quererlo, valores conservacionistas, biológicos, zoológicos, antropológicos, viajeros… A comienzos de los ochenta, una noticia brutal conmocionaba a ese mismo público: Félix moría en un accidente de aviación el mismo día de su cumpleaños. De eso hace treinta. La Fundación que lleva su nombre, y que está dirigida por su hija Odile, publicó, en marzo de 2010, una biografía, la única autorizada según reza en su propia página web, del ilustre naturalista español. Ya habían salido al mercado otras firmadas por nombres reconocidos del conservacionismo como Joaquín Araujo o Miguel Pou. Sin embargo siempre ha existido cierto resquemor desde la propia familia a admitir aquellas y esta obra que conmemora la tercera década de su muerte sí que lleva el marchamo de sus sucesores.

El periodista Benigno Varillas firma este volumen apasionante en el que se intercalan cartas, apuntes, notas de Rodríguez de la Fuente con la propia narración documentada del que fuera responsable de la sección ambiental de El País entre 1976 y 1983. El género biográfico es un terreno difícil de abonar. A mi juicio el propio autor de esta obra cae repetidamente en una prosodia demasiado complicada, retruécanos que no son propios de un escritor que antes fue periodista. Pero más allá de eso, sin duda, vale la pena leerla, los fragmentos del propio Félix tienen un valor altísimo y es un lujo poder disfrutar de ellos, desde sus apreciaciones a pie de campo con los lobos hasta la historia y evolución de la fundación de ADENA, pasando por su relación con el régimen, el cambio de mentalidad ambiental que supuso en los españoles sus documentales El hombre y la tierra, las relaciones familiares, África y Venezuela, la cetrería, las producciones para TVE…. Lo dicho, un verdadero lujo para todos de más de setecientas páginas, y en especial para los niños de cuarenta años.

Posteado por: JLeoncioG | 13 febrero, 2012

La venganza como catarsis. Millenium de Stieg Larsson

La Universidad de La Laguna, a través del profesor Rafael Pestano, ha incluido el artículo ‘La venganza como catarsis. Millenium de Stieg Larsson’, en el libro Paradigmas éticos y estéticos. Este texto fue escrito sobre los apuntes de una mesa de lectura que se realizó en 2010 en un curso de extensión universitaria (UIMP, ISTIC)  sobre la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson.

Autor: Leoncio González

“La venganza es un fracaso de la inteligencia”[1], la aseveración es del pensador y pedagogo José Antonio Marina y encierra un grave y antiguo problema: Quizás en los tiempos en los que vivimos la venganza per se se ha institucionalizado tanto que a muchas personas le suene hasta ofensiva esa denuncia de inteligencia fracasada que asegura la asertiva frase del filósofo español. Sin ir más lejos, tras la catástrofe producida en el 11-S neoyorquino en 2001, todo un país enarboló la bandera de la venganza y fue, a comienzos de la primavera de este 2011 cuando pudo alzar la voz en señal de júbilo, con el asesinato del terrorista Ben Laden a manos de un comando estadounidense, a instancias del presidente de país norteamericano, en una alejada población paquistaní. La noticia del asalto se extendió como la pólvora por las redes sociales, y a las pocas horas de producirse miles y miles de personas en el mundo gritaban enfervorizadas que se había hecho justicia al abatir al líder de AlQaeda. Se obró la catarsis vengativa, y hasta el ciudadano más anónimo de los estados de la unión se sintió reconfortado al saberse, o creerse desagraviado por los crímenes del atentado del WTC.

Ojo por ojo. La ley del Talión. Las vísceras contra la materia gris. La fuerza contra la fuerza. La violencia aplaca la violencia. Toda esta introducción me valdrá para explicar este recurso de la violencia como herramienta de la venganza, que, a juicio de las tres personas[2] que intervinimos en octubre de 2010 en una mesa redonda sobre la trilogía Millenium del sueco Stieg Larsson, movió y fue el detonante para que millones de personas de todo el mundo se identificaran con la protagonista  de dicha saga, una antiheroe, flaca, atormentada, asocial, mal alimentada y hasta poco higiénica, pero con un brutal y certero instinto de venganza.

Nada nuevo como fenómeno literario, si tenemos en cuenta que la literatura ha usado el mismo canon infinidad de veces, como en El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, Hamlet de Shakespeare, Moby Dick de Herman Melville, El Padrino de Mario Puzo, Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos…

Lisbeth Salander, la coprotagonista de Millenium, obra el poder del populismo, una vez más, al ejercer una suerte de demagogia que su creador basa en un turbio pasado de adolescente inadaptada, violentada e ignorada y un presente de ajuste de cuentas, en el sentido literal de la frase, con los ejecutores de aquel infierno.

Miles, millones de lectores de múltiples lenguas del mundo se han visto identificados e identificadas con la violencia ejercida por Salander, y no sólo con su sed de venganza sino con su personalidad, sus debilidades y su “normalidad”. Hasta el recién Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, sentenció en el título de un artículo escrito en el diario El País que ‘Lisbeth Salander debe vivir’[3].

Un poder otorgado por no se sabe bien qué autoridades morales llevó al escritor peruano a dictar una sentencia favorable sobre la joven sueca, casi eximiéndola del resto de los pecadores que aparecen en la extensa novela sueca, para hacerla no sólo libre de sus culpas (de sangre la mayoría) sino también de su inadaptación social, de la suya y de las de miles y miles de personas convertidas en sus álter ego.

Establecido esto, que no es más que una apreciación general, y sin ir más allá de lo estrictamente escrito y representado en las casi tres mil páginas de la trilogía, pocas cosas quedan para el análisis. Se podría resumir, no la novela o las tres novelas, sino el fenómeno mediático que supuso, en esta circunstancias: ¿qué es lo que hay en la trama de Millenium que atrapó a tantos lectores en tan poco tiempo? pues la causa principal es el dulce sabor de la venganza.

Vayamos por partes

Más de cuatro millones de personas compraron uno de los tres voluminosos ejemplares de Millenium en España entre 2004 y 2010, e incluso a mediados de ese año Amazon, el gigante de ventas a través de la red enviaba a los medios un comunicado que rezaba que “El escritor sueco Stieg Larsson, autor de la exitosa trilogía Millennium, se ha convertido en el primer escritor en vender más de un millón de libros digitales en la tienda del lector Kindle de Amazon”.

Sin embargo, pasados algunos meses, a finales de ese mismo año la fiebre sueca ya se había desvanecido, certificando otra vez que el contenido de los tres tomos de Larsson hacían un flaco favor a la literatura (que no a la industria editorial, en España de manos de la editorial Destino), incluso a la literatura de best sellers o subliteratura, en la que Dan Brown, seguía y sigue siendo el rey.

La escritora de novela negra Donna Leon[4] fue la primera en darse cuenta y poner negro sobre blanco que el poder de Millenium no radicaba en su argumento, ni siquiera, como dice Vargas Llosa en “sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros”, y la norteamericana afirmó en unas declaraciones en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander en 2009, curiosamente la misma Universidad que auspició esta mesa redonda, que había empezado por “Los hombres que no amaban a las mujeres”, y lo catalogó de “patológicamente malo, principalmente porque su actitud es un agravio al amor humano, a las relaciones humanas. Todos los contactos sexuales son violentos o fuera de límites, no hay pasión en el libro, tan sólo pasión por la violencia o por venganza”.

Sin embargo, los lectores defensores de la saga nórdica la defienden hasta la saciedad, estableciendo que se trata de un edificio literario de magnitudes insospechadas. No obstante, incluso su más ilustre defensor, el citado Vargas Llosa, admitía en ese mismo artículo citaba más arriba que “La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa”.

Es verdad que la primera de las tres entregas se traza sobre la estructura de una novela  negra clásica. Los hombres que no amaban a las mujeres[5] se podría conformar como una obra de calidad media, de esas que tanto abundan en un subgénero como el policíaco. Ambientada en la Suecia actual, la obra parte de un pasado no tan remoto y usa a un protagonista, periodista de investigación, como chivo expiatorio para introducir otros ‘tipos’ utilizables en las otras dos patas de esta mesa.

Si hilamos fino vemos que el patrón “antihéroe venga su propia ofensa” usado por Larsson para desarrollar la primera novela le vuelve a servir para las otras dos, pero el personaje principal, Mikael Blomkvist es tan endeble (lleno de tópicos: periodista, engañando, condenado injustamente, mujeriego, sex-symbol…) que tiene que trasladarlo a su compañera de viaje, una joven underground que sí que encierra cierto atractivo para las masas: rebeldía y venganza a través de la violencia y de la piratería informática.

Más allá de Los hombres… la cosa comienza a decaer a una velocidad estrepitosa. El exceso de datos, la indefinición de los personajes, la inclusión de otros nuevos que entran y salen sin “oficio ni beneficio” y la cantidad de “documentación clasificada” convierten el segundo volumen, La chica que soñaba con un bidón de gasolina,[6]  en un continuará sin orden ni concierto que se alarga como una serpiente sin saber bien a dónde va a ir a parar su cabeza. En la tercera entrega, La reina en el palacio de las corrientes de aire[7], que se publica tras la muerte del escritor[8] (en España se publica en 2009), las lagunas estructurales de la obra se convierten en mares, si no océanos. Hasta el punto que, de las más de 700 páginas de esa última entrega, no más de cien aluden verdaderamente a una trama novelesca, el resto es relleno que hace perder todo interés por la ficción.

A todo lo plasmado en el texto (venganza, nuevas tecnologías –no tan nuevas ya-, sexo, violencia, y tramas oscuras de corrupción política) se suma una interesante y morbosa trama externa, la muerte de Stieg Larsson que desata un enfervorizado movimiento de compras. El sueco se convierte en un fenómeno de su propia novela al morir tras unas circunstancias no aclaradas y dejar tras de sí una fortuna de más de 38 millones de dólares. Más amarillismo del que intentan sacar partido familiares y pareja (de un lado su padre y su hermano, de otro Eva Grabrielsson, pareja del escritor) a todo esto se suma el incremento de ventas y el rédito millonario de las mismas. Larsson, periodista de investigación relacionado con tramas y artículos sociales, desaparece tras publicar tres novelas que copan los primeros puestos de ventas en medio mundo. El hecho irremediablemente se torna a favor de las editoras y sólo hace que sus libros se vendan a lectores que intentan buscar algo más allá de las propias novelas. El autor de Millenium se convierte pues en un mito, casi más que sus propios personajes, hasta el punto de que “arrastra” a las estanterías de novedades de las librerías a otros autores nórdicos que nada tienen que ver con su estilo como Asa Larsson o Peter Høeg.

Pero la mitomanía no se paró aquí. La ciudad de Estocolmo ha vivido una nueva “primavera turística” gracias a los escenarios en los que Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist tienen sus aventuras, e incluso algunas marcas se han visto reforzadas tras aparecer en las páginas de la historia como el agua embotellada Ramlosa o el Billy Pan Pizza, uno de los alimentos que una y otra vez consumen los protagonistas.

Lo cierto es que más allá de su contenido literario, las tres novelas de Larsson han marcado una línea en el panorama literario nórdico, estableciendo un punto de inflexión entre los años 2004 y 2010, en los que el nombre de un escritor sueco ha estado en las principales listas de ventas de libros del mundo, generando tres películas y la pronta aparición de otras tantas superproducciones de Hollywood.

Tras más de una hora de debate en la mesa de lectura en la que participamos en el Taller Paradigmas éticos y estéticos, la pregunta permanece en el mismo lugar que se hicimos al comenzar al principio de la misma, ¿qué tuvo Millenium, para conseguir estas cifras? Y la respuesta, de sencilla es hasta difícil de creer: El profesor Paolo Fedeli, participante del debate, lo explicaba al final de la mesa redonda que mantuvimos sobre esta obra: “si la novela fuese buena, si sus personajes creíbles, si su acción estuviera fundamentada en algo más que una simple trama que apela a los sentimientos más básicos y que se resuelve con crímenes y asesinatos de manera tan brutal, jamás habría tenido tal número de adeptos. El número de lectores no nos dará jamás el valor de esta ni de ninguna otra novela”.


[1] José Antonio Marina, en el programa de radio ‘No es un día cualquiera’, RNE, sábado 7 de mayo de 2011.

[2] Antonio Jiménez Paz, poeta y licenciado en Filosofía, Eva Castillo Reyes, periodista y Leoncio González, licenciado en Filología participaron en la Mesa de lectura: Millenium, de Stieg Larsson del curso de la UIMP Paradigmas éticos y estéticos

[3] ‘Lisbeth Salander debe vivir’, Mario Vargas Llosa en diario El País, Madrid, 6/09/2009.

[4] Donna Leon dirigió en agosto de 2009 el Curso ‘Escribiendo novela policiaca’, incluido dentro del Ciclo ‘El autor y su obra’ de la UIMP, celebrado en Santander, y en este taller hizo las declaraciones de las que hacemos referencias, las cuales se pueden leer en la edición del 11 de agosto de 2009 del diario El País.

[5] Los hombres que no amaban a las mujeres. Millenium I. Stieg Larsson, editorial Destino 2008, traducción del sueco de Martin Lexell y Juan José Ortega Román.

[6] La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina Millenium II. Stieg Larsson, editorial Destino 2008, traducción del sueco de Martin Lexell y Juan José Ortega Román.

[7] La reina en el palacio de las corrientes de aire Millenium III. Stieg Larsson, editorial Destino 2009, traducción del sueco de Martin Lexell y Juan José Ortega Román.

[8] Stieg Larsson muere de un infarto en su propia oficina de Estocolmo el 9 de noviembre de 2004

Posteado por: JLeoncioG | 6 febrero, 2012

El viaje salado

Por Leoncio González

El mapa de sal
Iván de la Nuez
Periférica
Cáceres, 2010
144 páginas.

 

 

Trazar una geografía móvil, una suerte de itinerario social que parta de la caída de los mitos políticos del XX y derivar en un análisis de la sociedad actual, marcada por estereotipos y “clases” de individuos, esto es lo que trató de hacer Iván de la Nuez en su Mapa de Sal.

En 2001 Mondadori ya había editado este texto en España, y en 2010 lo hizo, de nuevo, Periférica. Se trata de un pequeño ensayo, quizás biografía, que analiza desde, digamos la línea de fuego, todos los avatares de los expatriados del mundo, desde los balseros cubanos a los deportistas del Este, pasando incluso por los cambios de ideales, formas de pensar, costumbres y rutinas de la sociedad de occidente. Lleno de humor y al mismo tiempo con una seriedad pasmosa De la Nuez va dejando caer torres allá por donde se fija, desvirtuando situaciones que en otros momentos estuvieron sobrevaloradas.

El autor es un cubano que entre sus obras cuenta con varias antologías, como Cuba: la isla posible (1995), Paisajes después del Muro (1999) o Cuba y el día después (2001), y también ensayos como La balsa perpetua (1998) y Fantasía roja (2006).

En este que nos ocupa la sal es la tinta con la que se dibuja ese mapa. Granitos duros de sodio que resecan la piel y que van trazando esa historia rebelde del autor/narrador. Gana mucho el texto al entender la procedencia isleña del propio autor. Cuba se perfila como la estación de salida de este viajero iniciático que se encontrará por el camino con una suerte de objetos de toda clase. Válidos algunos, defectuosos y hasta dañinos otros. El autor, como ya he apuntado, derriba todo lo establecido: las posturas y poses de los acomodados y de los acomodaticios, se ríe de las seguridades de occidente, lamenta con cierta ironía los pesares de los habitantes de las revoluciones, traza los itinerarios de lo que nos quedará por ver…

Con todo Iván de la Nuez propone un texto ameno, un ensayo fundamental en este tiempo de incertidumbres ideológicas en el que parece que todo se ha borrado y se comienza a redibujar. La obra es de hace casi diez años pero su vigencia abruma, pareciera que el autor la hubiera escrito hace dos días. La editorial Periférica, como siempre, desde su ideal extrarradio ha sabido recuperarla y darle un nuevo empuje en el mercado editorial. Los lectores no podemos sino felicitarnos por esta reedición. Escritor y editores supongo que ya lo habrán hecho.

 

Posteado por: JLeoncioG | 30 enero, 2012

Un cambalache

Por Leoncio González

Obras
Copi
Anagrama
Barcelona, 2010
358 páginas.

La editorial Anagrama, en su colección ‘Otra vuelta de tuerca’, reeditó en 2010  las Obras de Raúl Damonte, Copi. El primer volumen de las mismas agrupa sus relatos El uruguayo, La internacional Argentina, La vida es un tango y Río de la Plata. Sin duda alguna una oportunidad única para conocer a este genio de la literatura hispanoamericana que, quizás debido a su exilio parisiense, nunca obtuvo el rédito en España que gozaron sus coetáneos.

La prosa de Copi es un jarro de agua fría, una puerta abierta por donde se genera una corriente de aire, impetuosa y fresca, que igual nos despierta del letargo de la sobremesa o nos genera un insoportable dolor de cabeza.

El Uruguayo es un relato surreal, una especie de carta dirigida a un “Querido maestro” en la que el narrador cuenta una suerte de viaje-exilio a Montevideo en el que suceden cosas que escapan a cualquier razón, incluso a cualquier sinrazón.

Más comedido es La vida es un tango, tres capítulos de la biografía de Silviano Urrutia, una suerte de periodista/escritor/maestro/político/revolucionario. La pequeña novela trasciende tres épocas: Buenos Aires de comienzos de siglo (con periodistas legendarios, una rotativa escupiendo periódicos, mafiosos, estrellas del cine), París del 68 (con mujeres drogadas y con pelo en las axilas, homosexuales, vino y rosas), y un retiro dorado de nuevo en una Argentina rural de finales de siglo (un viejecito de vuelta de todo, cascarrabias y desconfiado, fiesta de pueblo, asados). A lo largo de ellas la vida de un hombre, trasunto del hispanoamericano expatriado; y entrelíneas: corrupción, sexo, asesinatos, vanidades, revoluciones, hijos, madres, putas, chulos, periodistas, maricones y no se sabe cuántas cosas más.

En La Internacional Argentina Copi vuelve a usar un modelo muy parecido al que utilizó en La Vida es un Tango, una historia increíble y un desenlace más increíble aun: un mecenas negro reúne a los creadores argentinos por todo el mundo, afuerza de talonario, con el fin de derrocar el gobierno y alzar como presidente a un insignificante poeta venido a menos. Copi se ríe de la política argentina, ataca duramente a los regímenes americanos, y en concreto al peronismo, su populismo y simpleza, a través de páginas cargadas de sarcasmos e irreverencia. La Internacional Argentina es una historia desopilante y al mismo tiempo cruel, porque nos recuerda la realidad.

El último de los textos, Río de la Plata es menos literario, más ensayístico; un análisis descarnado e hiriente de lo que significaba “ser argentino” para este autor, a caballo entre Uruguay y París, miembro del grupo Pánico (junto con Jodorowsky y Arrabal), viñetista, dramaturgo sin medida, heterodoxo, único, tanto que su propia vida fue la de uno (o muchos) de sus personajes. Como prueba, genio y figura hasta la sepultura: tal como se apunta en el prólogo de este primer tomo, firmado por María Moreno, sus amigos se fumaron sus cenizas después de incinerado, porque su abuela las mezcló con la marihuana. Todo un lujo leer hoy a Copi (y reír con él), en estos días en los que “la vida es un cambalache”.

Posteado por: JLeoncioG | 14 enero, 2012

La soledad

Por Leoncio González

Un instante de abandono
Philippe Besson
Alianza Editorial
Madrid, 2010
237 páginas.

La soledad de encontrarse frente al pasado, y saber que sus circunstancias no fueron propicias y convirtieron a uno en un apestado, en un paria social. La soledad de ver cosas familiares, casas, caminos, costa, barcos… y no poder compartir con nadie las evocaciones que le traen a la mente esas imágenes. La soledad de saberse solo. La soledad de no querer ser más que eso, uno, o casi uno.

El protagonista de esta novela es un ser aquejado por esa enfermedad. Un pasado oscuro atormenta sus relaciones sociales cuando, tras algunos años de cárcel regresa al lugar donde nació, creció, se forjó como hombre, y cometió su crimen.

Las comunidades pequeñas, los pueblos, son auténticos tribunales públicos que enjuician y culpan sin mayor rigor. Los condenados no podrán jamás eximir esas culpas. Thomas Sheppard vuelve a su aldea a comprobar y corroborar esta máxima, quizás a advertir si el tiempo, como el viento en la costa de Cornualles, va borrando ciertas heridas o por el contrario las acentúa.

Un instante de abandono no es la primera novela del francés Philippe Besson. Este abogado francés ya ha publicado al menos otras cinco con considerable éxito en su país. Ahora, Alianza Editorial edita, bajo una interesante factura (el fragmento de un cuadro de Hopper en portada atrae muchísimo a su lectura) esta obra que narra los grandes temores humanos frente al perdón, a la amistad, al amor e incluso, de manera oculta, al sexo.

El autor mantiene hasta sus últimas páginas cierta incertidumbre, propiciada en parte por su manera telegráfica de contar. A modo de diario, el protagonista deja intuir, desde el principio de su narración que, pese a regresar, a volver a su lugar de partida, las cosas han cambiado, no sólo para consigo, sino desde su propio yo hacia el resto del mundo.

Sheppard reencuentra un paisaje, que es el mismo que dejó hace algunos años, pero que interpreta más oscuro, más envuelto en una bruma profunda salpicada de salitre y mala mar. Sin embargo decide quedarse, empieza a relacionarse con algunos vecinos (libres de prejuicios por ser foráneos o transgresores) pero él mismo decide que esa incomunicación que sufre, la soledad, debe ejercerla también de vuelta. Y se limita a esperar, a aguardar que llegue su verdadero instante de abandono.

 

Posteado por: JLeoncioG | 12 enero, 2012

The Joy of Books

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