Posteado por: JLeoncioG | 21 marzo, 2014

Lugares

ray2ucRay Loriga.

‘El hombre que inventó Manhattan’

El Aleph Editores, 2004

188 páginas

Precio  19,95 

La boca de los escenarios de la ficción literaria tiene tantos metros de ancho como lugares hay sobre la tierra, y fuera de ella. El espacio para inventar historias puede ser tan pequeño como un bolsillo o tan grande como el mundo entero, no sólo el nuestro, sino cualquiera. Las ciudades son caldo de cultivo perfecto para desarrollar fantasías, ficciones novelescas que representen historias reales o no: lógicas o disparatadas, serias o paródicamente irónicas. Los elementos imprescindibles en estas historias urbanas: las personas que pululan por sus arterias y dan movimiento a sus calles. Entes cambiantes, susceptibles, moldeables, estropeados o inocentes. Loriga lo sabe. Y ha inventado uno de estos repertorios de fantasías reales. Manhattan como centro social, la sociedad como centro urbano. Nueva York es ese cajón de sastre (como Madrid, México DF, Tokio, como cualquier ciudad capital) donde se entrecruzan las realidades más distintas y de esa trenza va saliendo un tejido infinito de inquietudes y de actitudes. La ciudad como región, como escenario. El escritor madrileño hace un ejercicio de estilo para encontrar su Macondo particular (su Yoknapatawpha, su Regíon, su universidad de Miskatonic, su Tierra Media). Y lo hace en el entramado de calles de la gran manzana. Los personajes: inmigrantes desencantados, creadores mediocres, yuppies ridículos, voyeurs, periodistas, femmes fatales, en fin, el elenco de actores y actrices que pueblas todas las calles de todas las ciudades cada mañana. Ray Loriga, guionista, director de cine, poeta, narrador, propone con este libro una brisa fresca en el panorama literario español, sin presunciones, con sencillez, haciendo uso de una literatura personal plagada de evocaciones mediáticas (cine, tv), Manhattan no puede describirse de otro modo.

Posteado por: JLeoncioG | 18 junio, 2012

La ciudad duele

Sida mental
Lionel Tran
Editorial Periférica
Cáceres, 2009
160 páginas.

Creemos, quizás siempre ha sido así, que las nuevas generaciones están infectadas por determinados virus sociales que las alejan de lo que entendemos como sentido común o de la propia ciudadanía: vestimentas carcelarias, tribus urbanas, violencia explícita, drogas, xenofobia…. Esto hoy acaso esté más de moda al ver cómo desde la escuela son los alumnos los que tienen el poder de decisión y castigo, por encima de cualquier otro estamento social, llámese familia, maestros, policías o jueces. Sin embargo, esto no es nuevo en absoluto. Lionel Tran, un autor francés de treinta y ocho años –no sé porqué todos se han empeñado en destacar su ‘juventud’- ha escrito una pequeña (me refiero al tamaño) novela en la que describe el estereotipo de adolescente europeo de la periferia de una gran ciudad a finales de los setenta y mediados ochenta: Carne de cañón, piltrafa humana forjada entre los malos tratos, el acoso social y familiar, el robo, las drogas, la violencia. Sida Mental, título ya de por sí desgarrador, es una obra escrita a partir de la frase  de un político francés al referirse a la generación de los hijos del 68, los que ahora frisamos los cuarenta. Se trata de una novela escrita, sin duda, con las vísceras, asestando golpes certeros en la cara –y el hígado- del lector.

En poco más de cien páginas, el protagonista –dibujado a partir de un boceto autobiográfico, según ha admitido el propio autor- despieza su existencia en capítulos no ordenados cronológicamente en los que se resume de manera brutalmente cruda la realidad de miles de jóvenes a los que la sociedad no ha ofrecido sino dolor. Enfermos sociales que no respetan ni a los animales, ni a las personas, ni a los bienes materiales, porque las deudas que la realidad les ha dejado son tan caras que han perdido toda esperanza de resarcimiento. Los activistas de mayo del 68 tuvieron hijos a los que no supieron inculcarle ninguna de las cosas por las que habían salido a la calle, el resultado fue una juventud desestructurada, violenta, sin piedad ni compasión, no ya por los demás, sino consigo misma.
Esta obra, publicada ahora en España por Editorial Periférica, de manera exquisita como toda su producción, es un manifiesto fundamental contra los derroteros de la línea de flotación de la sociedad urbanita del siglo XXI, no hace falta leer entre líneas, Tran lo dice todo de manera muy clara: Dolor.

Posteado por: JLeoncioG | 29 mayo, 2012

Esencia americana

William Carlos William
Antología Bilingüe

J.M. López Merino, Trad.
Alianza Editorial
240 páginas
2009

El verano, más allá de si uno disfruta de vacaciones o no, es un buen tiempo para la lectura. Desde hace muchos años me he puesto como objetivo en estos meses cálidos, no sé muy bien por qué, rescatar de mis estanterías algún libro que me haya gustado, leído hace algún tiempo, y disfrutarlo sentado a la sombra de las tardes o quizás cerca de una ventana cuando ya ha caído la noche y se oyen (en el mejor de los casos) los grillos. Este año he decidido releer la poesía de William Carlos William, toda vez que Alianza Editorial ha publicado una Antología Bilingüe seleccionada, prologada y traducida por Juan Miguel López Merino. Las otras ediciones españolas de poesía son difíciles de conseguir en la actualidad.

Situándonos en ese escenario del que hablaba, demasiado idílico quizás, de tardes veraniegas, brisas cálidas, grillos o ranas, estos poemas se conforman como una lectura agradable, cargados de simbología y al mismo tiempo construidos con sencillez y un lenguaje común. Recomiendo a los no-iniciados en poesía dejar por un momento a Benedetti y comprar este volumen. La posibilidad de leer estos poemas en edición bilingüe facilita mucho su comprensión y permite interpretaciones diferentes por poco inglés que uno sepa. El trabajo del traductor se muestra menos “traidor” en este tipo de traducciones en las que el lector se halla mucho más cerca del propio poeta.

William Carlos William es quizás uno de los principales exponentes de la poesía norteamericana de mediados del siglo XX. Médico de profesión dedicó parte su vida (la profesional) a los demás; y la otra parte a mirar introspectivamente al exterior y reflejarlos en poemas certeros, sencillos pero cargados de un gran poder reflexivo. La poesía de Carlos William es un bello cuadro realista norteamericano, quizás visible en el estilo de Eduard Hopper, o hasta, mucho después en Jack Vettriano, o en los cuentos de Raymond Carver, e incluso de la narrativa de Piliph Roth (si me apuran). De formación estadounidense y europea (estudió en Alemania) Carlos William destila en estos poemas selectos una pesada carga norteamericana en los tipos (los escenarios, la luz, el aire), tras de ellos lo que se percibe son hombres y mujeres, sentimientos comunes a cualquier nacionalidad o ubicación. Ciertas evocaciones a Ezra Pound, Elliot e incluso a Stevens también son patentes en sus versos, pero quizás esos sean apuntes más complejos que no vienen al caso en la sencilla recomendación de la lectura veraniega de estos poemas.

Posteado por: JLeoncioG | 22 mayo, 2012

Los detectives fiscalizando mentes

Roberto Bolaño
‘Los detectives salvajes’
Compactos Anagrama, 2002

México no más. Así podríamos titular la reseña de esta novela. Pero aún avanzaremos un poco. Bolaño no más. Y nada menos. El escritor chileno moría en julo de 2003, aquejado de una enfermedad hepática que puso dolor a sus últimos años. Hoy recomendaremos esta novela, porque la obra, ganadora entre otros de los premios Herralde y el Rómulo Gallegos, considerado el Nobel de Latinoamérica, ya se lo merece sobradamente.

Poetas perdidos, hippies olvidados, putas, camareras, niñas ricas y niños pobres, bohemios trasnochados y copas de tequila se agitan bajo el cielo enfermizo del DF. Escritores ocultos en las rémoras de la indiferencia cultural hispanoamericana. Los detectives salvajes es el mostrador de una nueva perspectiva de la América redescubierta: despertamos del boom, aquel famoso de realismo fantástico, y encontramos una sociedad rancia y amarilla que esconde muchas falsedades, amenazas y muerte; y pocos espíritus, mujeres que vuelan y almas agradecidas o condenadas a la eternidad.

Hay quien ha dicho, el mismo Jorge Edwards por ejemplo, que esta obra es la Rayuela de los 90; y hay quien no pasa de considerarla una simple novela de aventuras (estrechez de miras en este caso), sin embargo no podemos obviar su carácter transgresor que mezcla ambientes y personalidades, y que combina personajes faltos de contenido psicológico con otros que rezuman literatura y poesía. Por otro lado se nos propone también una auténtica aventura con rasgos de película del cine negro de los cincuenta, llena espacios oscuros y personajes poco recomendables.

Obra coral, se nos propone como un gran fresco donde todo tiene cabida, desde el dolor más cruel hasta el humor más mordaz. Este texto es el análisis de una contracultura americana que arremete contra los tópicos y academicismos producidos por algunos autores estrictamente reales.

En un viaje dantesco, los protagonistas se adentran, cabeza por delante, al infierno que supone el desierto de Sonora, en busca de una poetisa olvidada (¿real o imaginaria?), madre y mentora del movimiento poético que ellos mismos defienden: el realismo visceral. Viaje que trasciende del propio México y se alarga por Nicaragua, EEUU, Francia, España, Austria, Israel y algunos lugares de África.

Los detectives salvajes andan por esos mundos fiscalizando mentes.

Posteado por: JLeoncioG | 14 mayo, 2012

Cuba a la deriva

Por Leoncio González

 

El navegante dormido
Abilio Estévez
Tusquets Editores
Barcelona, 2008
377 páginas.

Abilio Estévez ha escrito otra pata de su saga cubana iniciada con  Tuyo es el reino  y continuada con Los palacios distantes. Se trata de una novela donde la historia reciente de Cuba, y de sus gentes (víctimas o verdugos de su propio país), es la principal protagonista. Estévez usa un recurso literario clásico: los personajes de una familia, cada uno con sus circunstancias, son la voz para narrar las vicisitudes, muchas, demasiadas quizás, de un pueblo que ha pasado en un siglo por la independencia de la metrópoli española, la dictadura de Machado primero y de Batista después y la posterior y eterna de Fidel Castro.

Los personajes de El navegante dormido son miembros de un mismo clan, recluidos en el reducto obligatorio de un chalet en la orilla de cualquier playa cubana. Presos, por la inminente amenaza de un ciclón, pasan revista detalladamente a la vida, que ellos mismos y sus antepasados, han ‘sobrevivido’ durante el último siglo. Estévez es pesimista en su discurso, su novela está cargada de una negatividad tras la que no se percibe ni un solo rayo de luz. La obra se desarrolla en los años setenta, y está repleta de flash-backs a épocas, quizás mejores, en las que la prosperidad (¿ficticia?) introducida por el capitalismo norteamericano en la isla marcaba la pauta de los movimientos de los cubanos.

Cada personaje de esta narración es un mundo complejo entre los que pululan historias de amor, sentimientos de incomprensión, fugas, homosexualismo, incesto, vanidades, fuegos, tormentas, vientos, hambre, suciedad y anhelos, muchos anhelos. Tras todo ello, la voz omnisciente de un narrador pondrá en boca de una de las protagonistas el propio curso de la novela: la más pequeña de la saga, Valeria, desde una ventana sobre el Upper Side West, a salvo de Cuba en  Nueva York, se dispone a escribir el relato de su propia familia.

Estévez abusa de una retórica enmarañada para una tragedia demasiado complicada, tras la que se atisba un odio visceral a las dictaduras, a las imposiciones políticas, morales, sexuales y deja entrever un resquemor evidente al régimen castrista y a sus acólitos –destacable la sátira que hace de una famosa canción de Silvio Rodríguez.

Por eso, detrás de todas estas páginas, además de una novela, más o menos intensa (quizás demasiado para quien esto suscribe, por la profusión de personajes, por su carácter fragmentado, por su extensión) existe un pre-texto, que va más allá y que sirve para plantear el análisis de una sociedad en perpetua búsqueda, navegando, dormida o no, hacia puertos más estables.

Posteado por: JLeoncioG | 23 abril, 2012

Las noches de los libros

‘Las mil y una noches’
Editorial Planeta
Traducción y edición de Juan Vernet

 

 

Hay libros que nos caen en las manos, los leemos, y acto seguido – el material impreso ya convertido en material psíquico -, lo archivamos en algún lugar recóndito de nuestra mente y ahí lo olvidamos por los días de los días. Hay libros que ni siquiera guardamos en nuestras estanterías porque nos quitan un espacio vital, el lugar donde podemos colocar cualquier otra cosa de distinto valor. Hay libros que no somos capaces de terminar de leer, que comenzamos y nos hundimos en sus historias y que luego quedan inconclusas para la eternidad. Algún día recordaremos esas novelas y no sabremos si fueron parte de nuestra propia vida o de la de otros.
Pero también hay libros que no podemos dejar de leer, una y otra vez. Que les cogemos un cariño especial y guardamos en el mejor lugar de la casa, al lado de nuestros bienes más preciados y junto a nuestras inquietudes más recurrentes. Y lo hacemos porque sus páginas nos han brindado algo especial. En esa lista cada uno va apuntando los títulos que al fin y al cabo serán el leit motifde muchas de las actitudes frente a la vida y al hecho estético.

 

Esa nómina en algunos casos será extremadamente larga, y en otros se reduce a uno o dos títulos. Por eso quisiéramos recomendar para ese quórum de letras impresas al que le tenemos especial cariño los dos tomos de Las mil y una noches. Parece perogrullada esta recomendación, ¿quién no conoce esta inmensa obra de la literatura universal?  Sin embargo, este conocimiento se reduce, la mayoría de las veces, a un recuerdo infantil, o a la evocación de alguna película de los cincuenta.
Hagamos un experimento: Compren Las mil y una noches, colóquenlo en la mesilla junto a la cama, y si llegan tristes, demasiado cansados para poder dormir o agobiados por una jornada de trabajo excesiva, no enciendan la tele, abran el libro que les recomendamos por cualquier parte, por cualquier capítulo y lean algunas páginas, no muchas, las justas para que el sueño reparador, como un suave aroma de oriente, entre por ellas.

Mañana, u otro día,  proseguirá la lectura (si apetece, sin pretender llegar al final, porque éste casi no existe). Y así sabrán que siempre estarán estas bellísimas páginas ahí al lado del sueño, para echarnos una mano. Pruébenlo, se sorprenderán.

Posteado por: JLeoncioG | 16 abril, 2012

Manual de instrucciones

Por Leoncio González

 

Maneras de estar
José Manuel Fajardo
Bruguera
Barcelona, 2008

196 páginas.

 

 

El cuento es un género difícil. Para los lectores supone el escollo de perder de un golpe, a vuelta de página, el hilo de una historia que, quizás por habituados a la novela, deseaban más larga. Para los escritores, el reto es aún más complejo: se trata de crear mundos enredados en pocas páginas, quitar lo accesorio, obviar circunstancias, perfilar situaciones y, finalmente, poner un colofón digno para tan pocos minutos de lectura. Maneras de estar, publicado por Bruguera propone diez cuentos: diez historias complejas resueltas dignamente en otros tantos finales escuetos, certeros, inmediatos. José Manuel Fajardo, su autor, asegura que estas pocas 196 páginas fueron escritas en diez años de dedicación a la literatura. En parte se nota. Los textos están perfilados, pasados a tinta de manera elegante y aséptica, y trabajados a cincel durante algún tiempo, limando aquí, puliendo allá. En su interior, los temas que se tratan sorprenden por su frescura, como el del hombre que intenta ‘desconocer’ (lo contrario a conocer, esto es, olvidar) a una persona, o el de un fabricante de anzuelos de mosca en un pueblo de ninguna parte, tan ensimismado en su propio arte, que convierte a los que le rodean y observan en los verdaderos aislados del mundo real. Además, Fajardo tiene un estilo propio, sencillo y elegante, plagado de documentación (real o ficticia) que da a sus cuentos un sello personal. En ellos se habla de barcos, de piratas, de viajes maravillosos, de héroes infantiles, de personas desconocidas que van por la calle… Maneras de estar es un libro agradable de leer, bien hilado y mejor contado, en el que llaman la atención las dedicatorias, que quizás establezcan lazos de unión entre los personajes (¿reales, inventados?) y los homenajeados por el autor en esas páginas de cortesía. En esos cuentos, los protagonistas buscan su ‘manera de estar’, de actuar frente a acontecimientos, tan normales o tan maravillosos, que la vida les ha ido proponiendo: el encuentro con un viejo amigo, una novia de antaño, los propios recuerdos, la aventura de lo desconocido. En definitiva una buena propuesta de literatura española contemporánea sin pretensiones.

Posteado por: JLeoncioG | 9 abril, 2012

Las deudas

Por Leoncio González

Sandor Marai
La herencia de Eszter
Editorial Salamandra
160 páginas
2007 (15 edición)

“No puedo saber qué más tiene Dios previsto para mí”… Así comienza Eszter su testamento. El monólogo en el que salda las cuentas de su pasado. A Dios echa las culpas de las cosas que la razón, tras tantos años de moler y remoler, ha echado de su casa, de su árbol y de su cama, pero que el corazón se niega a abandonar. Y como los fantasmas, esas cosas, los recuerdos, las voces, las caricias, los alientos, pero también las querencias, las mentiras, los odios y las pasiones, regresan, después de permanecer años en el olvido, en la sombra de los recuerdos, para acabar con todo. Para decir: “aquí estamos, no nos hemos ido, hemos vuelto para saldar todas esas deudas”. Esas cosas que creemos superadas y que siguen latentes, como el interior de un volcán. La herencia de Eszter es un cuento de engaños, de acuerdos y desacuerdos que diría Woody Allen. El narrador húngaro Sandor Marai hace gala de una obsesión por el pasado, quizá la misma que lo llevó a suicidarse cuando rozaba ya los noventa años. En esta novela el pasado vuelve al presente, encarnado en una especie de opera bufa protagonizada por personajes sin escrúpulos que llegan desde algún lugar y que no encajan con el presente.

La herencia de Eszter, se puso en el mercado español en 2000 (es una obra escrita en 1939) y en sólo nueve años la editorial Salamandra lleva ya reeditada la decimoquinta edición. ¿Qué tiene esta pequeña narración para llegar a un número semejante de ejemplares publicados? La obra de Marai se dio a conocer en España con El último encuentro –novela que admito no he leído- escrita algunos años después de la que nos ocupa y que versa también, según me he informado, sobre los rescoldos de otros tiempos vividos por sus protagonistas. Su prosa, como la de tantos escritores europeos de su época es fascinante. Hija de una estudiada labor psicológica, toca las teclas más sutiles a la lectura y en poco más de 150 páginas crea un universo completo, un escenario con atrezzo incluido en el que no sobra ni una letra, ni un adjetivo, y en el que por supuesto tampoco falta nada. A bote pronto, e incluso comparando las biografías, el fenómeno Marai me recuerda a la del armenio William Saroyan. Cada cosa en su lugar y a su tiempo para crear un mundo otro en el que existe una batalla, la de Eszter con su pasado, personalizado en su cuñado-amante. Repito: esta es la historia de la batalla entre las cosas de la razón, las del corazón, y hasta, quizás, de Dios.

 

Posteado por: JLeoncioG | 2 abril, 2012

Periodistas y políticos

Por Leoncio González
Robert Penn Warren
Todos los hombres del rey
Anagrama
731 páginas
2006

Todos los hombres del rey es la novela ganadora del premio Pulitzer de 1946. Hace algunos años Anagrama reeditó este título, que ya había publicado en español por primera vez en 1984. En ella se narra la biografía de un personaje ficticio – inspirado en uno real según dicen todos los críticos e incluso llegó a admitir Robert Penn Warren, su creador- llamado Willie Talos, gobernador del estado de Louisiana (EEUU) en los años treinta del pasado siglo.

La historia, truculenta fábula, la narra en primera persona un periodista que es contratado por Talos como cargo de confianza, y en ella se pone de manifiesto que la corrupción política, lejos de ser nueva, es una ocupación humana inherente a su propia condición.
Robert Penn Warren consiguió con esta novela ponerse a la altura de los grandes novelistas que lo habían precedido en la literatura norteamericana del XX. Estamos ante un texto quizás más antropológico que literario, pero acaso una novela fundamental en estos días de corruptelas políticas y de excesos de cargos de confianza en los despachos políticos. La novela habla de corrupción política, pero también de relaciones sociales, de amores, odios, olvidos, acuerdos y desacuerdos. E incluso el autor se permite el lujo de insertar otra historia dentro de la principal (a modo de relleno) muy a la moda en aquellos años.

En 2006 Todos los hombre del rey fue llevada al cine por Steven Zaillian, con un ambicioso reparto (y con más pena que gloria), en el que se encontraban nada menos que Sean Penn, Kate Winslet, Patricia Clarkson, James Gandolfini, Anthony Hopkins y Jude Law, en una versión remake de El político de 1949, esta sí, ganadora de varios Oscar aquel año. Sin duda, se trata de una historia digna de ser llevada al cine, no obstante la complejidad que encierra y el amplio elenco de personajes hace que la novela sea, como en muchas ocasiones, bastante más recomendable que cualquier película o interpretación cinematográfica.

Más allá de eso tampoco esperen leer la “gran obra americana”, ni como muchos han apuntado un producto digno de Faulkner. Se trata de un libro interesante, quizás demasiado ambicioso en extensión y que aporta buenos trucos literarios y personajes bastante perfilados. En Todos los hombres del Rey los actores se llaman Willie, Jack, Byram, Tom o Lucy, y son gobernadores, periodistas con sombrero ladeado y divas con tacones, faldas estrechas y cigarrillos en la mano, pero creo que en ellos se pueden reconocer nombres más cercanos (en tiempo y lugar), trajes de alta costura, regalos, y licencias urbanísticas ¿les suena de algo?

Posteado por: JLeoncioG | 26 marzo, 2012

A propósito de Pedro García Cabrera

Por Leoncio González

Entre la guerra y tú de Pedro García Cabrera: guerra, prisión y poesía
C.B. Morris
Ediciones Idea
Santa Cruz de Tenerife, 2009
300 páginas.

Hace algunos años, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Pedro García Cabrera se reeditaron sus obras completas. Lo que parecía iba a ser un resurgimiento y fomento de la poesía canaria del XX quedó, como tantas otras veces, en la fiesta de bombo y platillo, hueca y hasta carnavalera, de unos cuantos. La literatura canaria, la buena, se queda en el olvido una y otra vez, válgame como ejemplo: en el temario de las oposiciones de profesores de ESO de Lengua y Literatura (formalizado por el Gobierno Autonómico) hay un tema sobre ‘Literatura catalana, gallega y vasca’, pero ninguno sobre lo que se ha escrito en las islas, o por escritores isleños.
Todo esto viene a cuento porque en 2009 C. Brian Morris, uno de los hispanistas más prestigiados del mundo, Distingued Professor de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), publicó un estudio sobre el poemario Entre la guerra y tú de Pedro García Cabrera titulado Guerra, prisión y poesía. Esta obra se gestó a partir del Congreso Internacional sobre la figura de García Cabrera que tuvo lugar en La Gomera en 2005, y la posterior publicación de las actas del mismo en 2008. Morris es un guía excelente para analizar este libro de poemas que García Cabrera escribió, en prisión, en hojas de papel de fumar. El conocimiento de la literatura canaria del Siglo XX, y en concreto de la generación de Gaceta de Arte, convierte los estudios de C.B. Morris en auténticos tratados de la condición humana del poeta insular, que diría Pérez Minik. Por lo demás, esta monografía analiza con detenimiento los pormenores de los primeros poemas escritos en la cárcel por García Cabrera una vez recluido de libertad por su condición de poeta y cercano a las izquierdas, y los sitúa con especial acierto en las circunstancias en las que fueron escritos, los compara, los evalúa, los disecciona: “[Entre la Guerra y tú] constituye un desafío, un acto de rebeldía contra los que causan las guerras y contra los que encarcelan y ejecutan a los supervivientes”, apunta el autor de este ensayo. En fin, un exacto trabajo que no sólo servirá a los estudiosos de la literatura, sino también a los interesados por el periodo oscuro que vivió la poesía durante la represión (la de este libro, además, tan diferente a las de sus coetáneos), y por supuesto, a todos aquellos a los que le interese ahondar en la figura poética de uno de los más firmes representantes de la literatura canaria del XX, como decía más arriba, injustamente velado por la desidia y apatía de los ignorantes.

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